La política mexicana anda en modo serie de drama: Javier Corral envuelto en una guerra de lodo disfrazada de justicia, ocurrencias en Chihuahua que exhiben desconexión total con la realidad, y un caso delicadísimo con presuntos agentes estadounidenses muertos en México que vuelve a dejar dudas sobre quién sabe qué dentro del poder.
Entre pleitos personales, prioridades absurdas y opacidad oficial, el problema ya no es solo el escándalo… es el nivel de desorden. Y lo peor: esto apenas empieza.